viernes, julio 17, 2020

Oido... cocina. Gengibre y Cúrcuma

Un saludo lectores. Como siempre es un gusto dejar algo por acá en el blog.

Este año he incursionado en la radio (De hecho, he participado en formación en el area anteriormente). Quizá ocurrióde una manera ineperada, pues desde hace mucho tiempo que querido concretar algunas cosas pendientes en torno al tema y hasta este año, por razones de peso, no había sido posible. Sin embargo, la cocina rinde sus frutos. La pasión por esta disciplina, mi fuente de trabajo y el campo donde hago desembocar mi creatividad, es combustible para un excelente espacio que es transmitido en la emisora Reina 96.7, acá en la isla, en VIDA GLOBAL, una plataforma de promoción de bienestar, que fomenta el entretenimiento familia, donde se desarrollan temas variados; me corresponde  un segmento dedicado a cocina y gastronomía. A través de este espacio aparece una oportunidad para compartir con los amantes de la cocina y trata de enamorar los no iniciados de esta actividad, para que a través de ella revisen contenidos, tanto de la práctica, como de la importancia para en nuestra realidad inmediata y su papel nuestra cultura. Como es de esperar, debido a la pandemia nos hemos adaptado a otros formatos y opciones para hacer llegar el segmento. Espero que pronto sea tiempo de resumir las idas al estudio.

Por supuesto dejo por acá vínculos pertinentes. A partir de esta publicación, también compartiré los audios de las entregas más recientes del segmento, para que ustedes puedan disfrutarlas. En esta ocasión, uno en el cual hablamos de los beneficios del gengibre y la cúrcuma. Esta primera edición para el blog es completamente casera. Las próximas estarán más derezadas.


Saludos.
Hasta la próxima.



  • Gastronomía Global, forma parte de VIDA GLOBAL, el programa de Ricardo Santos, que como comenté es una plataforma para la promoción del binestar, desde diversas areas, que incursiona en radio, televisión y redes. Los invito a explorar:

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lunes, abril 27, 2020

Heroestócrata

Lunes 27 de abril de 2020 y seguimos en cuarentena. NO voy a insistir mucho en la situación de resguardo que todos tenemos.
 
En la conversa mañanera de hoy salió a colación el tema de los héroes y en particular Batman. Escuchamos en estos días fuera de casa  (en una excursión corta a la tienda), un comentario  donde Batman solo es un heroe proclive a defender a banqueros y personajes de cuello blanco. Por supuesto salí yo  a defender a uno de mis personajes favoritos, que - ¿cómo va a ser?-, - que hay razones para decir lo contrario-, etc., etc., etc. La cosa es que no nos quedamos con Batman y comenzamos a hablar sobre una amplia selección de héroes y de ahí nació está publicación.


Me da por defender a Batman,  siendo este uno de mis personajes favoritos, considerando que tiene una evolución interesante  en la historieta, el cine, la tv y en videojuegos. Grosso Modo, es un individuo que representa elementos oscuros del comportamiento humano, está caracterizado por una psique perturbada: Se disfraza de persona común y corriente, con defectos alternativos para mostrarse y codearse con la sociedad. Para él su atuendo de murciélago no es el disfraz: Es un atuendo que le permite ser él mismo, un hombre que no puede adaptarse a nuestra normalidad. Utiliza su oscuridad para devolver algo de luz al entorno, explorando Ciudad Gótica en la noche, librándola de las amenazas, en un esfuerzo incansable por acabar con el crimen, para que otros puedan tener su vida un poco más tranquila.
Vale la pena revisar una historieta inspirada a El Gabinete del Dr. Caligari(1920), donde se le concede a Batman el dominio sobre la noche de una manera más “amplia” (y hasta allí los spoilers).


Por supuesto esa es mi percepción de Batman, vagamente comentada. No es sin embargo mi intención emitir una mera opinión. Me llamó la atención ese comentario en la tienda, por cómo se establece la distancia entre un personaje que podemos tildar de heroico, en relación el común de los mortales,  partiendo de la noción de estatus económico y social. Es una distancia muy propia de nuestros días, donde si alguien resuena a plata hay cierta antipatía o me suena ajeno, donde esa plata me permite catalogar algo de bueno o  malo. Es clásico. Y para ampliarlo un poco, tengo dos casos similares bajo la manga.
El primero es Robin Hood, bastante pervertida su imagen a través de las épocas: Un hombre que roba a los ricos para dar a los pobres. El otro es Simón Bolívar, El Libertador, defensor de las causas justas, y la libertad que negaban a los venezolanos esos malvados españoles. Y en los dos últimos casos se omite el origen aristocrático de ambos. Por ello esta publicación es un intento de comentar ese desacierto que tenemos ante personajes ficticios, que por supuesto terminan ilustrando nuestras ideas sobre justicia, sociedad, riqueza, entre muchas otras ideas que pueda uno incluir.




Un asunto de Ficción vs. Realidad.


Antes de meterse de lleno con el tema aristocrático, es importante curarse en salud con el tema de Realidad Vs. Ficción. Es un argumento que resulta como la navaja suiza para desmantelar publicaciones como esta.

Sí, Batman es un personaje ficticio. Fue creado en el siglo XX en Norteamérica y responde a un contexto social particular. Es poco factible que exista un referente real (un tipo rico y perturbado que se disfraza de murciélago y sale de noche a combatir el crimen). Imagino que en Latinoamérica al menos, sería más lógico un tipo de clase media que se coloca un pasa montañas y sale a caerle a palos a los malandros, lo cual también resulta poco creíble.

Robin Hood por su lado es un personaje que tiene un referente histórico, cuyo origen es medieval. Su historicidad sin embargo, es dudosa. Hay al menos ocho orígenes posibles para el personaje. Y en muchas versiones es como mínimo un hombre de clase social pudiente. Lo que quiere decir que no es precisamente POBRE. En todo caso, las historias más difundidas en el último siglo (a través del cine y la televisión), hablan de un noble al cual han dejado en desgracia, quitándole injustamente sus tierras. Este decide dedicarse a la justicia, para lo cual una de sus principales acciones es robar a los ricos y dar a los pobres. Y caemos en que también es un personaje ficticio, solo que con posible origen histórico.

Finalmente Simón Bolívar. De estudiante me tocó hacer una monografía que se dificultó gracias a que las fuentes consultadas, muchas veces caían en vanagloriar y no en describir. En Venezuela, el estudio de El Libertador, quien sabemos sí existió de manera comprobada, cuyo origen histórico es innegable (al menos hasta dentro de mil años), no escapa de los adornos que se colocan a su figura. Se le describe según el interés de aquello que se busca resaltar. Por supuesto se deforma la figura cuando se altera su estatura física, sus rasgos y hasta su origen materno. Todo esto ya da para otra publicación. En todo caso tenemos un personaje transformado y ficcionalizado con un motivo u otro, en tanto nos alejemos de las fuentes históricas y demos peso al folklore, la leyenda, el cuento. Por ello, a efectos de la publicación, no estamos hablando de personajes históricos, si no la versión ficcionalizada de los mismos, que de todas maneras nos afectan y promueven nuestra simpatía o antipatía.




El origen aristocrático.


En el grueso de las historias de estos personajes lo primero que podemos resaltar siempre son valores que convienen a nuestro discurso y más todavía si ellos luchan por nuestras concepciones de “justicia”, “lo correcto”. Parece quedar de lado cualquier otro aspecto, salvo por los atributos que nos interese resaltar: Batman es prácticamente de los mejores peleadores de artes marciales y casi imposible de detectar; Robin Hood desaparece como un fantasma en el bosque de Sherwood, es un hombre de armas, excelente arquero (nunca falla) y es buen espadachín. Tiene en la más alta estima a la mujer y en buena defiende a su prójimo. Bolívar tenía la resistencia de diez hombres, capaz de resistir las condiciones más adversas, era un genio político, el máximo estratega militar, un defensor de sus pares nacidos en América. La personalidad y el origen no importan. ¿O Sí?

Todos ellos son de algún modo parte de una aristocracia. Es una de las características que les diferencian del resto de los hombres, sin que haya algo de peyorativo para con quien no es aristócrata. Bruno Díaz (Batman) es un experto en cualquier cantidad de disciplinas que le permiten realizar sus oficios nocturnos, cuenta con los medios económicos para promover su acción persecutoria y no morir de hambre en la faena. A medida que profundicemos en las historias, el murciélago discrimina muy bien la justicia que imparte: No mata, los mafiosos implican un peligro diferente al de los rateros, igual que desmantelar las intenciones y acciones de un rico que de paso es criminal llevará una planificación diferente. Pero Batman también mantiene orfanatos y hospitales. Y es bastante eficiente en ello.

Robin Hood, por su parte ha tenido que saber de administración en el sentido más amplio, para poder sobresalir como pudiente en la edad media o al menos tener idea del trabajo de la tierra (y hacer rentable el trabajo de bandolero posteriormente). No se queda en el mero hecho de robar (en algunas historias). Lo que requisa es aquello que los corruptos del reino cobran injustamente al pobre. Y entre los ricos hay nobles que avalan lo que hacen los bandoleros, aunque de manera silente, no vaya a ser que les toque ser bandoleros también.

Simón Bolívar era rico de cuna y lo disfrutó, por lo menos, hasta dedicarse a la gesta libertadora, lo que le permitió estudiar y viajar para enriquecer su intelecto. Bolívar era capaz de hacer aquello mismo que indicaba a sus subalternos. No tenía problema en montarse en el caballo y domarlo. Y muere pobre, deseando lo mejor para aquellos que considera sus paisanos. Pero incluso antes de irse a luchar en la gesta, Bolívar era un buen aristócrata, no tolerando comportamientos dañinos para quienes sirven o trabajan. Tan bueno, que le generó problemas con sus pares.


En el cuento de cada uno, su origen aristocrático les da la posibilidad de ir más allá. No es fortuito el mensaje. No pareciesen representar a una élite despreocupada o distante de sufrir como el resto de los mortales. Parece más bien la idea de aristocracia referida al grupo de personas, una élite que sabe, que está formada, que se destaca por su excelencia. No tiene que ver con la idea de élite despreocupada y ajena al mundo en el cual vive. Y para nada estaría mal la simpatía que podamos tener con ellos, desde cierto puto de vista.

lunes, enero 20, 2020

Fantasmas de una lectura de ´Casas Muertas´


El pueblo hoy en día. Calmado. Taciturno.
La noche de este lunes (dígase hoy, 20 de enero de 2020) se me antojó revisar las publicaciones que hay por estos días en Prodavinci. Inmediatamente me llamó la atención la que hace Ana Teresa Torres, a propósito de ‘Casas Muertas’ de Miguel Otero Silva. Debo confesar que no pude leerla luego de comenzar el primer párrafo.  No porque no tuviese interés, el cual sigue latente mientras escribo esta publicación en mi blog. No porque no me guste lo que escribe Ana Teresa Torres; yo admiro a Ana Teresa Torres, me gustaría conocerla y de paso me encantaría conversar de este tema largo y tendido con ella. No pude terminar de leerlo por culpa del libro de Otero Silva, pues desde hace meses ‘Casas Muertas’ ronda en los pasillos de mi ya bastante golpeada psique. Es un libro cuya memoria se me hace recurrente que desde junio ha incrementado su presencia.

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Parte de mi familia es de Monagas, de un pueblo ubicado en la carretera que va de Maturín a Caripe; yo diría que a mitad del trayecto, uno encuentra el cruce que lleva al pueblo. Durante los primeros quince años de mi vida creo que era fijo viajar todas las temporadas vacacionales a casa de mis abuelos y pasar (dependiendo del asueto) hasta un mes con ellos. Implicaba realizar labores diferentes, como asistir a la finca con el abuelo, atender la bodega con la abuela, bañarse en el río, compartir con los amigos de infancia vacacional, comprar helados en vasito (y por supuesto tetas de colita con leche), manejar bicicleta, cerrar el día un maratón de telenovelas a las nueve de la noche (solo RCTV, pues era el único canal que se veía bien). En general toda una experiencia diferente a la de Caracas. Lo único que no ocurría era salir de noche más allá de la plaza, a lo que se conoce “La Pista”, donde prácticamente todo adulto podía (si quería) lanzarse a tomar y a bailar. Pero fuera de eso, uno disfrutaba de un pueblo que estaba muy vivo, donde el día era muy movido y la noche muy tranquila, salvo cuando algún consumidor de bebidas espirituosas tocase la puerta de la casa, ya pasado de tragos (o de botellas) a pedir refill. El transporte no era un problema en aquel entonces y la inseguridad se presentaba por lo general en robos furtivos y respetuosos, pues no se dejaban ver por sus asaltados. Y si te tocaba buscar un médico, el ambulatorio probablemente era una opción para algunas cosas o llegar a Maturín también.

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Pude viajar al pueblo en junio de 2019. En el día es bastante solitario. Las calles no están en el mejor estado y hay una inmensa cantidad de rejas en casas que otrora exhibían su porche sin mayor preocupación. El día no es tan movido y la noche es serena… Demasiado. No creo que esté funcionando “La Pista”. Mucha gente se ha ido… Quizá intuimos ustedes y yo el por qué. Y la inseguridad los últimos veinte años ha mutado de los robos furtivos, pasando por los robos cara è tabla (véase el epílogo) y terminando en asesinatos; al pana que me enseñó a manejar la bici lo mataron en 2018 y lanzaron detrás de la iglesia.


Otra parte de mi familia es de la región capital. Y buena parte de Miranda. Así que era muy normal recorrer la Carretera Panamericana para ir a Los Teques, San Antonio, Carrizal. Y cuando viví en Los Teques, para mí había tantas cosas, tantos lugares que visitar: El ateneo, el cine, heladerías, una fábrica de tequeños, parques, plazas, entre otros. Y los siguientes años la perspectiva cambio completamente. Los Teques se me convirtió en una ciudad (¿Es una ciudad en realidad?) adversa, llena de trancas extrañas, bulevares adversos, obras públicas interminables y un sinsentido urbano. Ya no voy a Los Teques.

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No recuerdo con exactitud cuando leí ‘Casas Muertas’. Yo me gradué de bachiller en el 97 y asumo que al menos dos años antes la propusieron como lectura en tercer año de bachillerato. Así  que la leí hace más de dos décadas; no cuenta haberla leído en la universidad, pues resultó una experiencia mucho más intelectual. Y sin embargo es un libro tan vital, que solo mencionarlo hace que aparezca una buena cantidad de fantasmas, todos ellos girando en torno al miedo que yo tenía (y aún tengo) de ver morir los sitios que para mí son importantes. Y es justamente la razón por la cual pausé la lectura de la publicación de A.T. Torres.


Cuando leí casas muertas fue como tener a mis pueblos ensamblados en una maqueta o pintados en lienzo y de repente encontrarme con la posibilidad de que el moho llamado desidia devorase la imagen, sumiéndola en ese detestable estado que queda la madera cuando la humedad hace de las suyas al no haber supervisión. Las casas, La Pista, el cine, el ateneo, todos golpeados por el tiempo, cuando no hay un encargado de hacerle frente, de remover esos excesos que la entropía genera. Y cuando hay grietas, seres indeseables vienen a habitarlas, apropiándose de la materia y anidando indefinidamente. Me hace pensar en los pueblos de las historias de H.P. Lovecraft. Afortunadamente los lugares que les menciono aún no han llegado a esto. Pero aún hay tiempo.  

Hoy en día vivo en Margarita. Antes de mudarme debo haber viajado a lo largo de dos décadas y pude ver unos cuantos cambios. Y quizá el más notorio al principio fue ver la Avenida 4 de Mayo convertida en algo parecido a la Avenida San Martín en Caracas. Y esa transformación es para mí una muestra de esa entropía que devora constantemente nuestros espacios a lo largo del territorio nacional. Y no pediré disculpas por a los románticos por meterme con la Avenida San Martín: Es terrible, es indeseable, es muestra del rancho en la cabeza, de cómo nos gana la costumbre por encima de lo bueno que se puede hacer.


Y bien, parte de nuestro problema son el abandono y las grietas. Desde adolescente he sentido ese miedo de ver morir cualquier paisaje llamado hogar. Y lo veo ocurrir en otros estados, otras ciudades. La gente se va, el moho viene. Y recuerdo ‘Casas Muertas’ toda vez que manejo a lo largo de algunos pueblos, cuando cruzo cerca de Los Teques, cuando me bajo del metro en San Martín. Terminado este escrito vuelvo a Prodavinci y leo la publicación de la escritora, a ver qué propone en ella.

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Curiosidades a modo de epílogo:

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  •      Un día hace como diez años comienzan a robarle el ganado a un familiar. Llega un trabajador y le dice que la vaca que buscaban otro día se ahogó en la laguna  y que los trabajadores no pudieron sacarla. Cuando al día siguiente retiran la res fuera del agua, tan solo sale la cabeza y queda en las manos de quien hace la tarea. Imagino que las pirañas también emigran a las lagunas.


  • ·    Me llama la atención que muchos de estos espacios eran el sitio al cual la gente huía dejando sus casas muertas y ahora son futuros cadáveres de casas, calles y carreteras. La gente huía del interior del país para irse a vivir al oeste (o al extremo este) de Caracas. Ya hace años San Martín no es tan atractivo como Chacao. Y mientras el oeste migraba a lo largo del Metro, los transeúntes de Chacao migraron a Altamira y Las Mercedes. Y así la migración interne va desde el interior del país, para llegar al sur de Caracas. Y luego a Nueva Esparta.

  • Hace como veinte años ya, me monté en un autobús de San Antonio a Los Teques. Me bajé en el centro, realicé unas diligencias y me fui caminando hasta la parada de autobuses de La Redoma. Para quienes conocen la zona saben que no es tan lejos, tampoco tan cerca y es desagradable el tramo; hace calor, había buhoneros en las aceras y el smog besa a todo el mundo. Cuando llegué a la parada, créanlo o no, se estaba estacionando la unidad de la cual yo me había bajado al menos una hora antes. Y sé que era esa, porque vi bajarse a mucha gente que sé estaba en ella cuando yo me bajé. Hace un año pasé por La Redoma y vi que hay una estación del Metro. Y la zona tenía un aire diferente. Como si Los Teques tuviese la estética de una ciudad de mitad del siglo XX, de esas donde se ambientan las películas basadas en libros de Stephen King.

  • No quiero imaginarme el trajín para la atención médica en el pueblo hoy en día. Y tampoco en los hospitales de Los Teques (véase que hace unos años un gobernador perdió la reelección y dicen las malas lenguas que saqueó el Victorino Santaella).

Retomando ando

Más de un año sin publicar en este espacio. La verdad no he hecho tiempo. A veces no vale la pena escribir. Uno simplemente está viviendo. O simplemente es mejor no decir nada, por aquello de que vale la pena hacerlo cuando se tiene algo que decir más que cuando se tiene que decir algo. Además está demasiado de moda lo de ser influencer. Y el objetivo del blog no es ese. Por ello, pareciese que en este "mercado de la publicación", ciertos blogs como el mío, estaban mejor de sabático. Pero la enseñanza de este año sin publicar, la puedo resumir en algunos apartados.
 
  • A veces es mejor dejar todo en el congelador. Algunos de mis profesores de la universidad publican cada tantos años y ya lo entiendo. Es como cuando en cocina hay que prepara una salsa, es necesario paciencia, reposo, cambios de temperatura y te textura. Cocinar, congelar y luego calentar para servir.
  • Yo también estoy tentado constantemente por esa fascinante labor del influencer. Y la combato todo el tiempo. A final de cuenta todos queremos salir de la caja y mostrar cuanto sabemos y proponer cosas. Pero es como las artes marciales; está bien demostrar lo que se sabe. Pero el tema no es mostrar. Eso es una arista. El cinturón negro es una consecuencia y no un objetivo. Lo mismo pasa con ser influencer.
  • Este espacio (mi blog) tiene más de diez años desde que comencé a publicar. Y ya hacía falta algo. Un cambio. Pero aún ahora no sé del todo cómo irá a partir de hoy. Espero que al menos en el estilo, aunque no en el tipo de publicaciones. Quizá por ahora tan solo volver a la disciplina.
De resto solo queda crear y escribir.